ESPAÑOLES PARTICIPAN EN UN ENCUENTRO SOBRE ARQUITECTURA SOSTENIBLE EN TOKIO

Quizá muchos de ustedes hayan pasado parte de este verano ardiente en alguna vieja casa de pueblo, en una de esas construcciones antiguas, populares y en buena medida sabias, que parecen especialmente diseñadas para hacer frente a los climas extremos a los que tan dado es nuestro país.

Es cierto que la idea del «confort» que impera en los hogares modernos, con nuestros sofás, baños completos y maravillosas cocinas, es muy reciente en la historia. Pero no es menos cierto que, durante siglos y siglos, el ser humano aprendió a construir utilizando los recursos ofrecidos por la propia naturaleza para defenderse del calor y del frío.

Espléndidos muros de piedra o humildes pero hermosísimos adobes –un material despreciado durante mucho tiempo y que ciertas corrientes de arquitectura rural empiezan ahora a poner de moda como aislantes térmicos–, grandes aleros, celosías, contraventanas o persianas de todo tipo para combatir el exceso de sol, bien establecidas corrientes de aire y el estudio minucioso de la orientación y la ubicación de las viviendas y sus dependencias forman parte de esos viejos conocimientos que la arquitectura de la segunda mitad del siglo XX olvidó por completo, ligándose ideológica y estéticamente a los intereses del capitalismo más desaforado, de la construcción barata y descuidada o cara y pretenciosa, del consumo descontrolado de recursos y energías, agua, gas, electricidad...

Nuestros pisos –eso sí, a precio de palacio real– no están aislados ni térmica ni acústicamente, exigiéndonos despilfarros desmesurados para enfrentarnos a la climatología y obligándonos a soportar día y noche los ruidos externos e internos. Y por todas partes han proliferado esos lamentables edificios «inteligentes», oficinas de cristal en las que muchas veces las ventanas ni siquiera pueden abrirse, obligando a sus habitantes a respirar incesantemente el insano y enrarecido aire acondicionado, frío o caliente.

WORLD SUSTAINABLE BULDING
A finales de este mes de septiembre se celebra en Tokio un interesante encuentro de arquitectos, el World Sustainable Bulding, que intentará desarrollar la cada vez más importante corriente de arquitectura energéticamente sostenible, en la que se une la vieja sabiduría popular con las infinitas posibilidades tecnológicas actuales.

Un pequeño grupo de arquitectos españoles estará presente allí con obras ejemplares, llenas de belleza y de recursos imaginativos. Pero ellos son sólo una excepción en este país en el que, por lo que parece, lo que más sigue interesando a los compradores de viviendas es el alicatado hasta el techo y las ventanas del supercontaminante PVC, o, en otro nivel económico, los mármoles travertinos y la tarima de maderas exóticas e ilegales.

Nunca me cansaré de repetir que somos los consumidores quienes tenemos en nuestras manos el poder de transformar las cosas, si es que queremos, y de exigir a los poderes públicos nuevas normas respetuosas con el medio ambiente en la selva de la edificación, y a los constructores una ética-estética que, hasta ahora, apenas vislumbramos en el horizonte.